El rural Gallego y su Abandono

 

 

La relación social gallega con el rural fue siempre muy intensa a lo largo de los tiempos, las ciudades, o, mejor dicho, pequeños centros urbanos, no eran capaces de ejercer una influencia rectora en su entorno rural. La aldea fue durante siglos la que marcó las pautas de los usos, costumbres y ocupación del espacio, también las relaciones sociales y la cultura que se ha construido al margen de los centros urbanos o ciudades, prueba de eso es que, solo en el siglo actual la población urbana superó en numero la del rural. Dicha transformación se ha acelerado desde finales del siglo pasado y, ha trastocado el modelo agrario tradicional gallego y, sin haber logrado construir algo alternativo.

Como resultado se observa el abandono de la mayor parte de los espacios antes aprovechados y, el mantenimiento de una titularidad jurídica de los bienes rústicos que debería ser reordenada y adecuada a las necesidades reales de una sociedad ampliamente urbanizada y terciarizada. Perdura todavía en la gente de Galicia una mirada nostálgica sobre el pasado reciente, pero en contradicción, pocas alternativas de cara al futuro que no sean las que la inercia, el paso del tiempo o el mercado vayan aplicando. La aldea que describe Otero Pedrayo, “alenta inteira” en la evolución histórica de Galicia, se fue muriendo, aunque permanezcan sus parroquias, sus fiestas patronales y, rara vez sus comunidades locales, pero en la actualidad su significado es muy distinto.

Más allá de su valor económico y natural, la tierra se ha convertido en Galicia en un referente cultural e incluso un fuerte marcador de la identidad de este país.

 

Terra a nosa”, expresión tan usada en el primer tercio del siglo pasado, es la prueba irrefutable del valor simbólico que alcanzó la tierra en el pensamiento social y político de Galicia. Se puede pensar que esta invocación reflejaba que tanto la titularidad jurídica de la tierra, como su uso estaban vinculados a la pequeña labranza, donde el campesino era el principal protagonista y el régimen de los foros agrarios era una herramienta básica de la ordenación de aquella titularidad sobre la tierra cultivada. También expresaba la conquista de la propiedad plena de tierra por parte de los campesinos “foreros”, que lograran así, en el primer tercio del siglo XX convertirse en propietarios parcelarios. Dicha propietarización masiva se extendió a los bienes comunales y a la mudanza de usos del suelo, que abrió así, la puerta a un proceso de individualismo agrario en las prácticas agrícolas y de transformación del aprovechamiento de los montes.

Todo esto ocurre un siglo más tarde de haberse ensayado en España las políticas agrarias del liberalismo político, que se caracterizaban por la obsesión del individualismo y del poseer, mejor dicho, alcanzar la “propiedad perfecta” en la que ningún derecho se interpone entre el poseedor y los bienes poseídos. En aquel contexto, el régimen de los foros tan extendido en Galicia, el pequeño tamaño de la labranza (minifundismo, contrario a lo latifundismo) y los extensos bienes comunales, que fueran la clave esencial del mundo rural gallego durante varios siglos, resistieran el vendaval posesivo de la ideología liberal. Dichas mutaciones, rezagadas y tardías, se concentran en el primer tercio del siglo XX y constituyen el episodio hasta la fecha, más relevante de toda la historia de la agricultura gallega, siendo la base de lo que siguió hasta nuestros días.

Los efectos de la “revolución verde” que se desencadenó en la década de los 50 del siglo pasado, tardó bastante en sentirse en el campo gallego, pero, desde hace algunas décadas la enorme especialización en producción de leche y madera, derivadas de una fuerte apuesta por la industrialización de la agricultura  y, su consecuente adhesión  a los mercados globales o de escala, el campo gallego actual, fruto de mutaciones constantes en las últimas décadas, demanda soluciones nuevas, por ejemplo, la movilidad de la tierra, su titularidad jurídica y la vinculación directa con las nuevas tendencias alimentarias, laborales y tecnológicas de la sociedad actual. Todas estas soluciones, por supuesto desde un prisma agroecológico.

A pesar de estos cambios tan profundos en la estructura productiva del campo gallego, permanecen un sin fin de estereotipos relativos a la ineficiencia de la pequeña explotación agraria, que debería ser calificada como policultivo, aprovechamientos sostenibles de los recursos, agricultura que cierra el ciclo y de alta valor ecológico.

 

Pero, los defensores de la agricultura industrial impuesta por la UE califican esta agricultura, de agricultura de subsistencia, asociándola y acusándola de motor de retraso económico y social. Esta agricultura de alta especialización e impuesta, viene de hace décadas promoviendo el abandono del rural. Se trata de un abandono no solo físico sino también cultural y tecnológico, agravado por la percepción tanto interna como externa del mundo rural que, no ha avanzado al mismo ritmo que lo hicieran sus estructuras productivas, lo que explica los estereotipos referidos sobre esta temática, asumidos incluso por gran parte del mundo académico dedicado al estudio del rural.

El porcentaje de activos agrario en Galicia no dejó de descender, pasando del 85% que se verificaban en 1900 o el 46% en 1975 al 6% en la actualidad, lo que sitúa a los activos agrarios en una séptima parte de los ocupados en el sector servicios. La situación actual se caracteriza, pues, por la disposición de una basta superficie agraria no útil, o sea, en su mayoría abandonada o poco aprovechada, una reducción drástica del numero de labranzas y una composición de su trabajo que combina la mano de obra de carácter familiar y de forma excepcional la de inmigrantes.

Desde los años setenta / ochenta del siglo pasado, los usos del suelo agrícola en Galicia han cambiado radicalmente.

 

Este nuevo perfil agrario se dibuja a la sombra del paradigma impuesto por la UE, dejando en el olvido el horizonte del campesino que acudía a las ferias cada mes para vender sus productos y comprar lo que le hacia falta, desde herramientas, hasta productos de vestuario, enceres para la casa, etc., funcionando muchas veces un sistema semejante al trueque.

En Galicia, el peso del monte en el sistema agrícola siempre fue muy grande, desde el sistema mixto de agricultura que se verificaba hasta casi finales del siglo pasado. Pues bien, el peso del monte no se debe solo a la basta extensión que ocupa en Galicia, sino también, en los cambios de usos que se engloban en su intensiva forestalización. Dicho fenómeno, no se generó por generación espontánea, mas bien es el resultado de un proceso bien conocido, o sea, la desaparición del dualismo del sistema agrario de espacio cultivado e inculto. Dicho fenómeno es debido a la fuerte especialización ganadera, donde los animales están estabulados, donde se recurre mucho menos a los pastos y más a piensos de origen industrial. Por otro lado, están las políticas publicas de apoyo a la introducción de especies de hoja perenne, tales como, coníferas y eucaliptos, que han provocado a lo largos de las décadas anteriores un autentico vuelco del uso del monte. Entre lo plantado y lo abandonado, tenemos los riesgos que sufrimos en la actualidad.

Dicho proceso, no se puede entender como una transición del uso forestal, tal como se verifica en otros países de Europa, lo que intenta enmascarar es una real eucaliptización, de tal modo que, el espacio plantado con eucaliptos en 1966 era de 14.000 has y, en 2022 era de 300.000 has, lo que supone un monocultivo forestal que representa el 50% de la madera cortada en España y paralelo a la producción lechera.

La no ordenación del monte y el mucho menor consumo de biomasa son realidades muy claras en la propagación de los incendios forestales y del monte, y son evidentes las consecuencias sociales y medio ambientales, también económicas que provocan estes fenómenos desoladores. Los gastos destinados por las administraciones publicas a la partida de extinción de incendios, más de 600 millones de euros en España, y en el caso de Galicia supera los 167 millones de euros anuales. Según datos presupuestarios de la Xunta de Galicia para 2019 se destinarán 110,4 millones en acciones preventivas e infraestructura forestal y 65 millones en Ordenación forestal.

Saber como rediseñar el rural gallego es la reflexión que está presente en la literatura que se dedica a analizar el sector agrario gallego actual, donde aparecen de modo sistemático algunas constantes que podemos identificar como “estorbos”. La superación de eses “estorbos” identificados algunos en este artículo, pasa por reconocer de qué problema se está hablando.

Según Rubén Lois, se trataría de plantear una completa reorganización del espacio rural a la vista de la fuerte urbanización de la población, intentando conectar la agroindustria con las necesidades de la población urbana.

Para otros académicos, tales como, Fernández Prieto o López Iglesias, el objetivo pasaría por convertir el caos y abandono actual del mundo rural en una oportunidad, sobre todo planeando un futuro sustentable  a través de la pluralidad de usos del suelo, de convertirse en proveedores de mercados de proximidad y de aumentar la producción ecológica certificada, que todavía está varios puntos porcentuales por debajo de la media española (3,9% en Galicia de superficie agrícola útil frente al 9.1% en España). Para la rama de la ingeniería aplicada a la explotación de la tierra, bien sean, agrónomos, bien sean forestales, tales como defiende Corbelle Rico, sería interesante implementar medidas sobre la movilidad de la tierra como la denominada “recuperación de tierra agraria· (Ley 11/2021), que haría mucho más viable las actuales granjas lecheras, pero también las explotaciones forestales de producción masiva de madera. En resumen, se trataría de poner en valor más de medio millón de tierras abandonadas, que podría ser una piedra angular en la reestructuración del rural gallego.

En los 2 últimos párrafo algunos autores y cada uno con su enfoque, apuntan la que podría ser la solución a la problemática del rural gallego.

La teoría de Rubén Lois no me parece una solución viable, por lo menos a largo plazo, me parece que seria darle uns años más de vida a este sistema insostenible desde el punto de vista ecológico, social y productivo. De todas formas, me parece interesante el vínculo que quiere crear entre el rural y el urbano. Es evidente que la sociedad es mayoritariamente urbana y no se va a observar un cambio drástico, por lo menos a curto medio plazo, por eso es importante crear relaciones entre rural y urbanos, a través de asociaciones de consumidores, comercio local, mercadillos, los huertos urbanos, los huertos comunitarios, actividades en el rural, etc..

Según Corbelle Rico es urgente promover la movilidad de la tierra. Es una solución muy válida y realmente urgente, que la tierra esté disponible para quien realmente la quiere trabajar y bien cuidar. Si no tienes tierras es muy difícil conseguirlas aun coste asumible, bien sea en compra, bien sea en alquiler. También es cierto que, la agroindustria con la complicidad de las concentraciones parcelarias llevadas a cabo por la administración, ocupan las tierras más fértiles y con mejores condiciones hídricas y climáticas, destruyendo así los agroecosistemas milenarios. Por eso veo bien la movilidad de la tierra, pero al contrario de lo que defiende este autor, no será con el objetivo de alimentar los monocultivos y la agroindustria, pero si, para dar oportunidades a pequeños proyectos que son los que realmente mantienen el rural vivo. No quiero un rural sin pájaros, sin flores, sin hierbas, sin regatos, sin perros, sin casas y sin gente, Defiendo un rural vivo y dinámico. Aunque, hay que asumir que las cosas cambiaran y que no va a haber un punto de inflación radical, tampoco se pretende eso, pero hay gente que no viene al rural, pues hoy en día ofrece muy poco. Hay que asociarse y hacer presión antes las administraciones, que decida el pueblo, no el político de turno.

Realmente las teorías que más me fascinan son las de Fernández Prieto o López Iglesias, entre muchos otros. Hay que aprovechar el caos, el abandono y reorganizar el rural desde un prisma agroecológico. Podemos atraer a mucha gente al rural, aunque no se dediquen a la agricultura, hay mucha casa abandonada a la espera de una nueva vida, muchos testimonios para contar, mucha vida para enamorarse y contemplar.

Es evidente que la vida en el rural es dura, pero a veces tenemos que mirar hacia tras, cuando yo era niño y crecí en un entorno rural, no escuchaba hablar de depresión, ansiedad, sedentarismo, colesterol, etc. La gente era más feliz con menos, se sentía identificado y arropado por su comunidad, los trabajos se hacían de forma mutua y sin retribución económica, Hoy día, solo se valora lo que tiene precio, lo demás no sirve.

En las últimas décadas se ha investigado mucho, pues es hora de utilizar esos conocimientos, a par de la sabiduría y las técnicas milenarias del pueblo y, construir un mundo más habitable.

Tenemos varios ejemplos en Galicia que los proyectos con compromiso eco social en el rural pueden ser viables, os dejo ejemplos de algunos que extrajo del libro  “Revoltando Á Terra” da Rede Revolta (Investigadores de la Aldea):

  • MVCMC O Carballo;

  • Arqueixal;

  • CAP A Coruña;

  • Ribeiregas;

  • Labregos de Lugo;

  • Vida de Aldea;

  • Cortes de Muar;

  • Gonzalo Sánchez;

  • Coop A Capela;

  • Souto Activo;

  • Lagar da Ribela;

  • Abonos Lourido;

  • O Pomariño;

  • Xan Pouliquen;

  • Leite O Alle;

  • Pan de Mar;

  • SAT A Pimenteira;

  • Ganderia Quintian;

  • DOP San Simón;

  • Galletas da Veiga;

  • Adega Diego de Lemos

  • PROMAGAL,

  • Etc..

Nota: Este articulo está basado en la experiencia empírica del autor y, en el libro “Experiencias Agroecológicas” editado por Ecologistas en Acción y, en el libro “Revoltando Á Terra” publicado por Rede revolta.

2 respuestas

  1. Buenos días, es un texto impresionante, cierto es que hay muchos pueblos abandonados, y casas por rehabilitar, pero en los pueblos se disfruta de otra tranquilidad que no tienen en las ciudades, de ahí que la gente se quiera venir a los pueblos, pero la compra de una finca o casa que hay que rehabilitar suele ser muy costosa, pero la gente se va animando por la calidad de vida.
    Si es cierto que si las fincas y los montes estuvieran limpios como cuando éramos pequeños que se iba a coger al monte para extrumar a los animales, no habría tantos incendios, la prohibicion de ir a recoger piñas y fento creo está situación, las ardillas y demás animales ya convivíamos, son causar daños unos a otros.
    Gracias por tu texto, muy interesante.
    Saludos y un abrazo

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Quim da Venda
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